Reseña: Queríamos un Calatrava, Llàtzer Moix

Antes que nada, ¿qué hacía yo leyendo un libro sobre Calatrava, uno de los arquitectos más conocidos a nivel mundial? Sencillo. Como persona que trabaja en el desarrollo de proyectos (publicitarios) me quedé boquiabierto al conocer el trabajo de Calatrava, si bien impresionante en su ineludible visibilidad y forma, no fue ello lo que me sorprendió, fue más bien saber que con múltiples y gravísimos defectos de diseño, estructurales y de ejecución, así como altísimos sobrecostos en la gran mayoría de sus construcciones, Calatrava seguía siendo uno de los arquitectos más deseados por ciudades en todo el mundo, ¿cómo podía algo así ser posible?

De entrada este libro no responde esta pregunta, al menos no de forma concisa y simple, tal vez porque no exista una respuesta concisa y simple. Calatrava, asumiéndose arquitecto, ingeniero y artista, también es un artista de la venta. Y eran sus primeros trabajos, los más pulcros en su haber, más su habilidad lingüística lo que le permitía asegurar proyectos uno tras otro, aunque la gran mayoría empezaran a registrar problemas antes, durante o después de su construcción. A veces incluso terminando en acusaciones legales en su contra o de él en contra de sus clientes.

Disponible en México

La estructura de la novela en forma de crónica es por demás disfrutable. Inicia con las primeras obras de Calatrava que, con toda justicia, le brindan reconocimiento y muchos nuevos proyectos para ir, poco a poco, dibujando una transición del amor hacia el odio. De lo perfecto y contenido hacia lo imperfecto y desbordado. Eligiendo las obras más representativas tanto arquitectónicamente como por los problemas registrados, Moix hace una crónica por la obra de Calatrava, a veces ahondando en su vida personal, valiéndose de entrevistas con colaboradores, clientes, socios y más personas que pintan un vívido retrato del arquitecto valenciano. Sirva agregar que Calatrava se negó rotundamente a participar en el libro y, al parecer, ha venido negándose a responder cuestionamiento sobre sus proyectos desde hace algún tiempo, al menos si no es su propio departamento de comunicación quien da el visto bueno al artículo, entrevista, reseña o investigación en cuestión.

El único pero, y puede ser virtud según opine el lector, es que Moix se muestra hipercrítico sin tapujos. Aunque de perspectiva muy bien informada dado que este no es el primer volumen que escribe mencionando a Calatrava, la repetición y visión crítica puede resultar agotadora en pasajes que podrían ser meramente informativos. Creo que es válido añadir para hacernos una idea general de la cuestión: tanto Calatrava como Moix son españoles y Valencia fue una de las ciudades más prolíficas para Calatrava en términos de proyectos concedidos y pagos realizados por los mismos aunque no por ello la ciudad se libró de sobrecostos ridículamente altos ni fallas de diseño y calidad en el resultado de los proyectos vendidos, en realidad resultó una de las más afectadas.


A ratos político por su crítica a la manera de utilizar los recursos públicos como moneda de cambio para incrementar su popularidad personal en la mayoría de las administraciones gubernamentales españolas donde trabajó, Queríamos un Calatrava es una lectura obligada para cualquier arquitecto, que muestra inequívocamente a un personaje por demás interesante también más allá de su propia obra arquitectónica.

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